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Dumo Arte S.L.

Taller Dumo Arte S.L.



El taller es el lugar donde la obra nace, crece o se transforma. La estancia se modifica y adapta a la pieza en la que se trabaja, a su alrededor los materiales, las pinturas, los moldes y la información sobre la obra, van surgiendo a medida que ésta los reclama.


Imágen de taller El Artesano, en connivencia con la obra, va descubriendo su alma y sus deseos convirtiéndose en su preceptor. Cualquiera que haya visitado un taller artístico, habrá observado que la obra lo inunda todo incluso el aire que se respira.

El diálogo entre obra y artesano, no se interrumpe en ningún momento ni de día ni de noche, hasta que la obra deja libre a su creador, momento en el que ésta se da así misma por terminada.

Cuando la obra abandona el taller, colmada y completa, la estancia va recobrando la neutralidad, el ambiente del taller tiene que estar en disposición para poder concentrarse en una nueva pieza que polarice su ambiente, y vuelva a recrearse la magia entre arte y artista.

El pintor persigue la línea y el color, el escultor la forma y la expresión pero su fin es la poesía.
Cuando la línea se utiliza en obras de artes como elemento principal, tomando como base su capacidad de síntesis, su ritmo y la libertad con que el artista la traza, puede ser determinante.


Imágen de taller Para Aristóteles la forma reclama a la sustancia, y reconoce que es la causa o razón, ser de la cosa, aquello por lo cual una cosa existe; ésta es el acto material de la cosa, el principio y el fin de su devenir.

Cuando la forma trabaja en el espacio tridimensional las relaciones cambian. El espacio rodea o interpreta las formas, está allí, no lo fabricamos nosotros.

El fondo es generalmente imprevisto, no sólo en el tiempo (distintas cosas que ocurren en su transcurrir) sino también en el espacio (cambia el punto de vista, la forma y el fondo). La forma es, en este caso, recorrible.

Por lo tanto el circuito compositivo deberá ser dinámico y motivará al sujeto a que camine, recorra, no se quede con una sola imagen. Cada plano de la imagen deberá tener una dinámica tal que incite a leer el siguiente. También en este caso se tendrá en cuenta el tiempo de lectura.

Se considera que:

Toda superficie rodeada tiende a convertirse en figura, lo restante actuará como fondo.

Nunca los límites pertenecen a ambos campos, siempre pertenecen a la figura.

El fondo pasa por detrás de la figura. la figura es, por lo general, de menor tamaño.

El fondo es más grande y simple. el color es más denso y compacto en la figura que en el fondo.

El fondo puede percibirse como plano o espacio.

La figura presenta mayor estabilidad, claridad, precisión; siempre está más cerca del observador.

Todo lo relativo a la figura se recuerda mejor.



Sarcófago romano-cristiano en Castiliscar



A bellísima iglesia románica de Castiliscar (Zaragoza), encierra dentro de sus muros, una joya del arte romano-cristiano de los primeros siglos de nuestra era. Entrando en la iglesia, de una sola nave, al lado del Evangelio, sirviendo de frontal a un altar, se encuentra una soberbia losa de hermoso alabastro, admirablemente esculpida, resto de un sarcófago romano-cristiano.

Castiliscar, es lugar donde ya con anterioridad, en el siglo XVII han tenido lugar hallazgos de antigüedades romanas. La parte del sarcófago que se conserva mide 2'23 metros de largo por 0'74 de altura y en su superficie, en bello alto relieve, se encuentran esculpidas de izquierda a derecha, las siguientes escenas: Sarcófago de Castiliscarla resurrección de Lázaro, la curación de la Hemorroisa, una orante, un personaje que presenta al Señor, un pez en un plato, la conversión del agua en vino y la adoración de los Reyes Magos.

Total diez y seis figuras distribuidas en seis asuntos. La resurrección de Lázaro está tratada del modo tradicional que tiene su origen en las pinturas del cementerio de San Calixto del siglo I I de nuestra era. El sepulcro de Lázaro estárepresentado por un pequeño templo o edícula con su frontón sobre dos columnas lisas. Por una escalinata se as ciende a la puerta de la edícula, en la que se encuentra el muerto fajado como una momia.

Jesús entre dos personajes con la vara mágica en la mano derecha toca el cuerpo de Lázaro, ordenándole salir del sepulcro. La segunda escena representa el milagro de la curación de la Hemorroisa en forma también ya antigua. La mujer arrodillada, toca con la mano la punta del manto del Señor.

A la izquierda de Jesús un personaje, seguramente uno de sus discípulos, tiene un rollo en la mano y luego viene una orante con las manos en alto en forma que tampoco se sale de los moldes trazados por otras representaciones de idéntica clase. Después un personaje presenta al Señor un pez sobre un plato, representación de la multiplicación de los panes y peces, y a contiuuación el milagro de las bodas de Caná en una sola de sus especies, en la de la conversión del agua en vino.

Sarcófago de Castiliscar

Siete hidras conteniendo el agua están colocadas delante del Señor que con la vara mágica en la mano se dispone a tocarlas para llevar a cabo la trasformación. La última escena representada es la de la adoración de los Reyes Magos, escena que tampoco se aparta en su interpretación de la forma usual. La Virgen sentada en un ámplio sillón a la manera romana, con el Niño en los brazos, recibe la adoración de los Reyes que, en número de tres, tocados con gorros frigios y vestidos a la usanza oriental, presentan el oro, el incienso y la mirra. Al fondo un servidor conduce las cabalguras de los Reyes.

Jesús está representado todas las veces imberbe, con rostro juvenil y el pelo rizado formando melena, cubriéndose con ámplia toga romana. Los demás personajes, menos los Reyes Magos que visten el traje oriental, se diferencian del Señor en llevar cerrada barba. La orante y la Hemorróisa llevan velo y la Virgen se encuentra representada de idéntica manera que las matronas romanas.

La pieza toda es bellísima de muy buen arte, siendo notable el modelado de las figuras, el plegado de los ropajes lleno de vida y arte, y l o admirablemente que se encuentran distribuidos los asuntos. Todos los sarcófagos cristianos, no se limitan a la narración figurada de los hechos, sino que encierra en su conjunto un simbolismo místico.

En el sarcófago de Castiliscar, como en la mayor parte, la orante ocupa el centro de la composición; a la derecha la resurrección de Lázaro y la curación de la Hemorróisa, representan el poder espiritual del Señor; a la izquierda la multiplicación de los peces y el milagro de Caná, aluden al misterio de la Eucaristía en sus dos especies, mientras que la Adoración de los Reyes de Oriente es el reconocimiento de la divinidad de Dios por los poderosos de la tierra.

La fecha del sarcófago que nos ocupa hay que fijarla, a nuestro juicio, en la mitad del siglo IV, a juzgar por su estudio comparativo con sarcófagos de tipo semejante, como el de Berja y otros, de fecha conocida y por la técnica de los paños y cabezas.

Los sarcófagos romano-cristianos españoles oscilan entre el siglo IV y V. En cuanto al problema de su origen está todavía completamente sin resolver, y mientras nuevos estudios y descubrimientos no arrojen más luz, nada en concreto se puede afirmar, aunque más probable parezca se trate de una pieza importada y no de producto indígena.




Castillo de Pintano (Zaragoza)



Construcción avanzada del reino de Navarra en Aragón.

Estuvo situado cerca de Undués, en territorio de la actual provincia de Zaragoza. En 1290 era alcaide Roy Pérez de Echálaz, con la elevada retenencia de 20 libras y 100 cahíces de trigo al año. En los primeros años del siglo XIV estaba a cargo de Pedro Ximénez de Iriberri. En 1315, siendo alcaide Pero Iñiguez de Lumbier, se hicieron obras, que proseguían en 1318, rehaciendo de nuevo uno de los muros.

Al año siguiente se rehizo el palacio y las garitas, que se habían caído. En 1328 era alcaide Ferrán Enríquez, con una asignación anual de 15 libras y 75 cahíces. Volvieron a hacerse obras en 1345, por Jimeno García y García Garceiz, mazoneros de Uriz. Carlos II confió la guarda en 1351 a Iñigo Ruiz de Lumbier, escudero, con sólo 8 libras y 40 cahíces de salario. En 1362 tenía el alcaidío Fernando de Ayanz, el cual disponía de una guardia de 10 hombres, ante el peligro de ataque por la parte de Aragón.

Castillo de Pintano

Los víveres le llegaban del Roncal. Hacia 1370 Juan Ruiz de Lumbier, por poco tiempo, y en 1377, Juan Pérez de Ascoz. Carlos III el Noble nombró alcaide en 1387 a su chambelán Remón de Esparza. En 1396 mandó el rey poner remedio al mal estado de la torre del castillo. Le sucedió en 1402 Rodrigo de Esparza, caballero, recién terminadas las obras, y puso como lugarteniente a Juan Ruiz de Burdaspal.

Tres años después, en 1405, un rayo derribó la torre mayor del castillo, que albergaba el dormitorio del alcaide. Fue reparada por los canteros Domingo y Sancho Sendoa, de Garde, que hacían constar en las cuentas que la situación aislada del castillo dificultaba en gran manera el acarreo de material para las obras. A la vez se rehicieron las cámaras y el algibe. Hacia 1420-1425 era lugarteniente de alcaide Blasco de Isaba.

En 1424 le sucedió Eneco Gorría, y al año siguiente, Miguel Pérez de Rácax. En 1429 la reina Blanca nombró alcaide a Pero Blásquiz, alcalde de Roncal, que estuvo al frente hasta 1443. Ese año le sustituyó Pero Sanz de Oroz, y a éste a su vez, en 1452, Sanzol de Garde. En 1461 tenía el castillo Iñigo Sanz Mendigacha. Por este tiempo defendían el castillo 20 hombres de armas roncaleses, al mando del capitán Miguel Bereterra.

En 1463 lo defendía Pedro Mendigacha, hijo del citado Iñigo Sanz, percibiendo por ello 100 florines. Todavía en 1464 aparece un nuevo alcaide, Juan Arnalt de Ochagavía; posiblemente el último que tuvo la fortaleza. Las cuentas de la merindad del año 1482 se refieren al castillo de Pintano, como "derribado tiempo ha".




Centro de Interpretación de Navardún




A juzgar por el sufijo celta -dunum (con el significado de castillo o fortaleza) presente tanto en Navardún como en Gordún, el lugar ya estuvo ocupado por los suessetanos entre los siglos VI y II antes de nuestra era.
En torno al siglo VIII o al siglo IX se debió erigir el castillo de Navardún, aunque la primera cita documental del mismo no se produce hasta 1198.

 

El Torreón de Navardún

Navardún ha desempeñado un papel protagonista en las relaciones navarro-aragonesas. Existen lugares que conservan el encanto de la historia y nos envuelven con las sensaciones y vivencias de los tiempos más remotos. El Torreón de Navardún es un escenario único que permite iniciar un viaje al pasado pleno de rigor, impacto y contenido.

 

El conjunto, formado por torre y recinto, se sitúa sobre un promontorio escarpado, controlando las dos márgenes del río. Apenas quedan restos de la muralla que bordeaba el perímetro trapezoidal, de unos 400 m2, que en el lado menos protegido, el SE, posiblemente se completaría con un foso. Se accede por uno de los lados menores, en donde también se alza la espléndida torre del homenaje, como demostración del poderío del barón o señor feudal.

El Torreón de Navardún


La fortificación sigue la tipología del donjon (gran torre exenta) con recinto, aunque en este caso ya es de época gótica. Existen escasos ejemplos en España de este modelo, que tiene un origen franco-británico.

Al interior se organizaba en salas superpuestas y el conjunto se completaba con un pequeño recinto exterior. A pesar de ser un ejemplo tardío (esta tipología es más propiamente románica), mantiene las características propias de estas atalayas, como la planta rectangular.


Laboratores, Oratores y Bellatores conforman la estructura social de una època marcada por la rígida división en estratos, el feudalismo y la relación de vasallaje. Los que trabajan, los que rezan y los que combaten constituían la sociedad de la Alta Edad Media, que comprendía una amplia base de siervos, con función económica y demográfica; el clero, hombres de oración y guardianes de la cultura, y, en la cima, la nobleza, que ejecutaba la justicia y defendía la tierra.
En la planta sótano del torreón se explica la intrahistoria centrada en la vida cotidiana. En la primera planta, por su parte, el centro analiza la vida de los trabajadores, agricultores, ganaderos, artesanos, comerciantes y cambistas que rendían relación de vasallaje a un señor a cambio de protección y justicia, y que constituían la base de la pirámide social.
En su segunda planta, el espacio se dedica a la Iglesia de la Edad Media. El visitante encontrará en la tercera planta a "los que combaten", con el rey en la cúspide social, seguido de la nobleza y de los caballeros, todos ellos liberados del trabajo manual.
Por último, la cuarta planta recrea la necrópolis, mostrando tres tumbas inspiradas en la necrópolis del yacimiento de El Corral de Calvo de Luesia, de los años 1030-1118.





Juan Fernández de Heredia



Religioso, Gran Maestre de la Orden de San Juan, militar, político, diplomático, escritor y mecenas español nacido
en Munébrega (cerca de Calatayud, Zaragoza) hacia 1310 y muerto en Aviñón el 1 de marzo de 1396.

Ya miembro de la Orden de San Juan, fue hombre de confianza de los reyes de Aragón Pedro IV y Juan I y de varios
Papas. Gran Maestre de su Orden desde 1376 hasta su muerte, reorganizó ésta y defendió a los estados cristianos de
Oriente contra los turcos.

Humanista y erudito, promovió y colaboró él mismo en varias traducciones del griego al
romance. Por todo ello fue un personaje verdaderamente internacional y uno de los aragoneses más importantes de
todos los tiempos.
Era hijo segundón de Lorenzo Fernández de Heredia (del linaje de los condes de Fuentes de Ebro), hermano de Blasco.

Fernández de Heredia, Justicia de Aragón entre 1360 y 1362, y tío de García Fernández de Heredia, arzobispo de
Zaragoza. Con pocos años, hacia 1328, ingresó en la Orden de San Juan de Jerusalén (o del Hospital o de Rodas; más
adelante, de Malta). Juan Fernández de Heredia

Cinco después, en 1333, fue nombrado lugarteniente del comendador de Alfambra (Teruel); en
1334 recibido esta misma encomienda junto con las de Villel, Aliaga (ambas en Teruel) y Zaragoza. Mucho más
adelante recibiría también los prioratos de San Juan de Castilla (1355), de Saint-Gilles de Provenza (1356), de
León (1359) y de Cataluña (1369).

A partir de 1338 fue consejero de Pedro IV el Ceremonioso, rey de Aragón, combatiendo junto a él en la batalla del
Salado (1340) contra los benimerines. Con el tiempo se convertiría en su más cercano hombre de confianza. Por esta
época trató de obtener la castellanía de Amposta (es decir, el más importante cargo de su Orden en Aragón); ésta
estaba ocupada por Sancho de Aragón, tío de Pedro IV, desde largo tiempo atrás (1325), por lo que Fernández se
encontró en dificultades a pesar de la ayuda del propio rey.

En efecto, en 1341 Sancho de Aragón le capturó y envió a prisión; aunque fue liberado por orden de Pedro IV, perdió las encomiendas de Alfambra y Villel.

Al fin, en 1345, murió Sancho de Aragón y la titularidad de la castellanía pasó a él. Poco después fue enviado por el papa Clemente VI para mediar entre los monarcas inglés francés; sin embargo, ya en el contexto de la Guerra de los Cien Años, tomó parte en la batalla de Crécy (26 de agosto de 1346) a favor de los franceses; herido, fue capturado por los ingleses hasta que al poco tiempo su rey Eduardo III lo liberó.

Luego luchó en la batalla de Mislata (1348) contra los nobles de la Unión valenciana; en la de Llucmajor (Baleares,
1349), que significó la vinculación definitiva del reino de Mallorca a Aragón, y también durante la Guerra de los
Dos Pedros (1356-1365) entre los monarcas de Aragón (Pedro IV) y de Castila (Pedro I), y en las negociaciones con
que concluyó ésta.

Antes de ella, ya canciller del rey aragonés, fue enviado en 1351 con el rango de embajador a la corte del rey de Navarra Carlos II el Malo, y en 1356 a la del rey francés Juan II el Bueno.

Residiendo en Aviñón junto al papa Inocencio VI, también éste le empleó como embajador, esta vez en Rodas, para
reavivar la lucha de la Orden de San Juan contra los turcos, tratando de que se estableciesen en Palestina o Asia
Menor (desde su expulsión de Tierra Santa por los musulmanes los caballeros residían precisamente en Rodas).

También fue nombrado por el papa, en 1362, capitán de armas y gobernador general de condado y ciudad de Aviñón
(que hizo amurallar). En 1365 estuvo presente en la toma de posesión de su parte de Montpellier por el rey
navarro, antes perteneciente al rey de Mallorca Jaime II.

Finamente, el 2 de junio de 1376 (tenía en torno a los sesenta y cinco años de edad) fue nombrado Gran Maestre de
la Orden de San Juan, en sustitución del fallecido Roberto de Juillac. Este mismo año tuvo importante papel en el
regreso del papa Gregorio XI a Roma desde su exilio en Aviñón; él en persona fue el almirante de la escuadra de
nueve galeras que trasladó al pontífice de Marsella a Corneto. Después que la reina Juana I de Nápoles le cediese
en 1377 por cinco años el principado de Morea (Grecia), quiso aprovechar el potencial de la Orden para auxiliar a
Venecia y a los estados cristianos de oriente contra los turcos.

Posibilitó con su ayuda la recuperación de Patrás (luchó personalmente en el asalto de esta fortaleza) y Lepanto, y luego trató de hacer lo propio con Corinto (1378). Sin embargo, fue hecho prisionero en el mar por el príncipe albanés Juan Boua Spatas, aliado de los turcos, y encarcelado en el país de éste hasta 1381, pues el Gran Maestre prohibió que su Orden pagase el correspondiente rescate.

Después de su liberación, aunque residiendo en lo sucesivo en Aviñón, prestó su protección a los recién creados
ducados catalanes en Grecia (Atenas y Neopatria). Negoció la compra definitiva de Morea, pero no tuvo éxito, de
modo que en 1389 preparó una expedición contra esta ciudad que tampoco logró llevar a cabo. Simultáneamente a
estos hechos, desde 1378, la cristiandad latina se había escindido en dos (Cisma de Occidente);

Juan Fernández de Heredia apoyó a los papas de Avión Clemente VII y Benedicto XIII (a causa de esto Urbano VI, papa de Roma, le desposeyó del cargo de Gran Maestre, pero prácticamente toda la Orden le guardó fidelidad).

Hombre culto y capaz, además de su actividad como político, militar y diplomático, realizó varias reformas
administrativas en la Orden: a través de los diversos capítulos que convocó (Valence, 1383; Rodas, 1392, etc.) la
reorganizó y reunió la documentación de la misma (Cartulario Magno de la castellanía de Amposta, recopilado por
los notarios Domingo Carcaies y Gonzalo López de San Martín entre 1349 y 1354, antes incluso de su nombramiento
como Gran Maestre).

Durante sus últimos años de vida se dedicó, además del gobierno de su Orden, a la cultura. Desde Aviñón encargó numerosos códices miniados. Como amigo del rey Juan I de Aragón fue uno de los principales impulsores del humanismo en tierras aragonesas: pagó maestros de gramática y los estudios universitarios de protegidos suyos.

También, en una apreciable esfuerzo de erudición, mandó traducir al aragonés (por Demetrio Calodiqui, por Nicolás,
obispo de Adrianópolis, o por otros traductores a sus órdenes) y publicar diversos autores y obras griegas: las Vidas paralelas de Plutarco (la primera versión en romance); la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides, o la Crónica de Morea, inspirada en un libro de Juan Zonaras, el Epitome Historiarum.

Otras traducciones fueron el Libro de Actoridades o Rams de flores (relatos procedentes de la Summa Collationum de Juan de Gales); Flors de las Historias de Orient (de textos del monje Hayton); El libro de Marco Polo; Secreto de los secretos (una guía de príncipes) e Historia troyana (de Guido de Columnis).

Él mismo parece que escribió varias obras (al menos en parte), como la Grant Crónica de los Conquiridores (con la
vida de cuarenta personajes, históricos o no, de renombre como Hércules, Augusto, Atila, Carlomagno o Gengis Kan)
y la Grant Crónica de Espanya (1385-1386, una historia de España de esquema parecido a la de Alfonso X). De ambas se hicieron ediciones ricamente miniadas. Tenía previsto escribir historias de Francia, Grecia y Bizancio, que
empezó pero no terminó.

Fruto de toda esta labor fue una importante biblioteca personal, con obras en diversas lenguas, que luego pasó en su mayoría al marqués de Santillana (y de éste al duque de Osuna hasta que finalmente terminó en la Biblioteca Nacional).

Murió en 1396, después de veinte años como Gran Maestre; su pésame lo escribió el propio rey aragonés, Juan I. Fue enterrado en la iglesia de Caspe, a la que había patrocinado, al igual que a la iglesia de su pueblo natal, Munébrega, y a otras.

Sobre su sepulcro, de estilo gótico, se colocó una estatua yacente con su imagen que aún se conserva. Tuvo varios hijos naturales (aunque algunos autores afirman que nacieron de sendos matrimonios de
juventud, el segundo con Teresa de Centallas, previos a su ingreso en la Orden de San Juan), a los que dotó con
distintas prebendas.

Fuente: Texto extraido de www.mcnbiografias.com





Los pueblos Celtíberos



El arte, la metalurgia, la orfebrería y la alfarería alcanzaron un gran perfeccionamiento con los celtíberos. Los materiales más empleados fueron el barro y los metales, destacando en el manejo de las técnicas de orfebrería y en la calidad de las cerámicas y la pintura con que las decoraron:

La cerámica destaca por el uso de la policromía (rojo, negro y blanco), las representaciones geométricas (ondas, líneas, círculos concéntricos) y esquemáticas (hombre y animales) y las escenas de rituales, de seres fantásticos y de las armas, vestimentas, flora y fauna.


La metalurgia se concentró en el trabajo del hierro, para la fabricación de utensilios cotidianos (tijeras, azadas, hoces, cuchillos, etc.) y armas (espadas, puñales, lanzas y escudos); y del bronce, destinado al adorno (fíbulas o imperdibles, broches de cinturón, pulseras, placas decorativas o pectorales y brazaletes)

Celtíbero

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

San Miguel Arcángel




Y fue vista en el cielo otra señal: vióse un dragón grande y rojo, que tenía siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en sus cabezas; y con la cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó en la tierra. Después de lo que está dicho, se siguió el castigo de Lucifer y sus aliados. Porque a sus blasfemias contra aquella señalada mujer, se siguió la pena de hallarse convertido de ángel hermosísimo en dragón fiero y feísimo, apareciendo también la señal sensible y exterior figura.

San Miguel Árcangel

Y levantó con furor siete cabezas, que fueron siete legiones o escuadrones, en que se dividieron todos los que le siguieron y cayeron; y a cada principado o congregación de éstas le dio su cabeza, oredenándoles que pecasen y tomasen por su cuenta incitar y mover a los siete pecados mortales, que comúnmente se llaman capitales, porque en ellos se contienen los demás pecados y son como cabezas de los bandos que se levantan contra Dios.

Estos son soberbia, envidia, avaricia, ira, lujuria, gula y pereza; que fueron las siete diademas con que Lucifer convertido en dragón fue coronado, dándole el Altísimo este castigo y habiéndolo negociado él, como premio de su horrible maldad, para sí y para sus ángeles confederados; que a todos fue señalado castigo y penas correspondientes a su malicia y a haber sido autores de los siete pecados capitales.

Y sucedió en el cielo una gran batalla: Miguel y sus ángeles peleaban con el dragón, y el dragón y sus ángeles peleaban. Habiendo manifestado el Señor lo que está dicho a los buenos y malos ángeles, el santo príncipe Miguel y sus compañeros por el divino permiso pelearon con el dragón y sus secuaces. Y fue admirable esta batalla, porque se peleaba con los entendimientos y voluntades.